A mí me encantó, pero me encantó, la lectura de hoy de
Cecilia Valdés. Hace unas semanas hablé con una amiga cubana acerca
del bailar en su país y el bailar en los Estados Unidos. Me contó que en
Cuba siempre bailaba, y que todo el mundo
bailó. Creo que la entendí bien, pero la entiendo mejor después de haber leído
esto. Decía que todo el mundo baila, y que para ella y muchos más es su
pasatiempo favorito.
Al inicio me parecía algo raro la idea de que su uno
cometiera un error en el baile, que tendría que sentarse. Estoy acostumbrado a
bailar en las fiestas aquí, o en la fiesta después de la boda. En esas dos
situaciones no es posible “equivocarse,” porque no hay un baile “correcto” ni
un “incorrecto.” Hago lo que me dé el gusto, lo que sea que me ocurre, y no es
problema. Tal vez la gente se ríe de mí, pero nunca tendré que sentarme. Creo
que es símbolo de la importancia del baile – que la gente lo práctica
seriamente.
También me interesan mucho los músicos. Como ya he
escrito, toco el trombón de vez en cuando en un grupo de Jazz. Aprendí el trombón,
y a leer música, en la clase de banda en la escuela. En la clase, aprendí a
tocar muy bien música ya escrita, que ya está fija, pero casi nunca a
improvisar, ni a cambiar lo que está ya escrita. En jazz, frecuentemente hay
que improvisar. Cuando comencé a improvisar me costó un montón. Todavía me
cuesta mucho más que con música, y me da stress, aunque no como antes. Por eso
me impresiona que los músicos puedan improvisar, y parece que lo hacen fácilmente.
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